Ricardo Pérez-Solero, avvocato a Madrid, fondatore dell’Estudio Legal de Comunicación e con un passato politico nei governi di Felipe González, inizia la sua collaborazione con L’Incontro con questo articolo sulla situazione del dibattito politico in Spagna, in vista delle elezioni anticipate del 28 aprile. Lo pubblichiamo in spagnolo, perché ci pare leggibile e comprensibile.

Elecciones en España, una lucha entre dos posturas irreconciliables

Escribo ésta mi primera colaboración con L´Incontro – espero y deseo que sean muchas más- con una seria preocupación sobre lo que está ocurriendo en la sociedad española en estos últimos tiempos.

Me temo que  desde hace un tiempo no muy lejano, se ha roto ese necesario consenso básico entre los ciudadanos de este país y no encuentro razones para pensar que los resultados de las próximas  elecciones generales  del 28 de abril, puedan ayudar a recuperar ese consenso básico.

Soy conocedor de que ese consenso básico entre los ciudadanos está pasando por malos momentos en otros muchos países de la Unión Europea. Pero ello, no es ningún consuelo y este hecho, aumenta mi preocupación significativamente.

Pero pase lo que pase, dentro de cuarenta días más o menos, se celebrarán en España elecciones generales.

Se elegirán, por tanto, 350 diputados utilizando el método D’Hont y una representación proporcional de lista cerrada, con un umbral del 3% de votos válidos.

También se elegirán 208 escaños para el Senado, usando una lista abierta de votación de bloque parcial.

Son las decimocuartas elecciones generales desde la transición a la democracia y las terceras con Felipe IV como Rey de España.

Basta abrir la página de cualquier periódico, escuchar la radio o navegar por Internet, para concluir fácilmente que estamos ya en periodo electoral, aun cuando la denominada “campaña electoral” no pueda tener lugar por Ley hasta el día 12 de Abril.

Además, un mes después se celebrarán las elecciones al Parlamento, Europeo, Municipales y varias Comunidades Autónomas.

Todo ello hace que sea difícil abstraerse del debate político, aunque en mi opinión, existe una gran distancia entre el discurso de la clase política y lo que realmente interesa a los ciudadanos.

En el actual debate político en España, sobran proclamas y faltan argumentos.

Parece como si el hiperactivismo político sólo tenga lugar entre la clase política y los resultados de este hiperactivismo político, tiene grandes dificultades para incidir realmente en la vida de los ciudadanos.

Parece como si el cambio acelerado fuera una nueva exigencia para la democracia española. Todos los partidos políticos, de izquierdas y de derechas, plantean sus ofertas electorales, en un mundo “virtual” el de la “información”, que luego tiene enormes dificultades para su traslación a la realidad.

Además, el discurso político está contaminado por el ruido, por la rabia mientras que el consenso, incluso sobre temas trascendentales, brilla por su ausencia.

Es difícil aventurar cualquier tipo de resultado a estas elecciones (y me temo que en toda Europa) y ello por dos razones principales:

  • La primera, la irrupción de un partido de extrema derecha, VOX, que reivindica el pasado, el franquismo y que sitúa a España en las mismas condiciones políticas que existen en muchos países europeos.
  • La segunda, como ya se está observando por los movimientos de los partidos políticos por la trascendencia del voto y del número de diputados a elegir, en la España “vacía”, fenómeno éste que como en el resto de Europa, es sumamente preocupante.

Otra vez parece que asistimos en España a una lucha electoral entre dos posturas irreconciliables. La derecha integrada por VOX, PP y Ciudadanos (que ya han constituido el último gobierno en Andalucía) y la izquierda (PSOE y Podemos), aun cuando soy plenamente consciente de que la denominación izquierda – derecha sea hoy insuficiente para describir los postulados de los diversos partidos políticos. Contrariamente  a lo que se puede pensar inicialmente, la aparición de VOX pudiera finalmente favorecer más que perjudicar los resultados de los partidos de izquierda, dado que son obligadas las alianzas para la gobernabilidad de España y nuestro sistema electoral puede acusarlo.

Pudiera ocurrir que, como ya ha ocurrido en las elecciones en diferentes países europeos, los ciudadanos alejados de la élite política, utilizen su voto de forma estratégica, retirándolo de los partidos tradicionales y otorgándolo a nuevas formaciones.

No cabe duda de que vamos a asistir a unas elecciones generales, en las que la credibilidad de los que gestionaban los asuntos públicos (los partidos tradicionales) y también los que informaban sobre dichos asuntos públicos (los medios), han perdido una gran parte de la credibilidad y, en consecuencia, me temo que asistiremos durante los días que nos quedan hasta las elecciones a un espectáculo con mucho ruido, pero alejado de  un debate serio y razonable.

También tengo mis dudas  sobre  si los ciudadanos están verdaderamente dispuestos a descubrir, a debatir propuestas sobre temas trascendentales, tales como el futuro de Europa y de los Estados Nación, la precariedad laboral, el medio ambiente, la inmigración y el aumento de la desigualdad, y por ello  mucho me temo que en esta larga campaña electoral, escucharemos pocas propuestas serias y detalladas y sí en cambio, grandes ataques a los adversarios políticos y muchos eslóganes.

Me temo por tanto que son de esperar  que se cuelen muchas “ficciones” en los discursos políticos  de estos días, que pretendan incidir en las emociones de la gente no en sus razonamientos y hagamos  por tanto , más camino, hacia una nueva democracia cuyos contornos son altamente preocupantes.

Ricardo Pérez-Solero

 

 

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Ricardo Pérez-Solero

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